A 50 años del golpe de Estado de 1976, desde FEPUC reafirmamos la memoria como un pilar constitutivo de nuestra identidad colectiva y de la vida democrática.
El terrorismo de Estado dejó marcas profundas en toda la sociedad y también en el sector profesional: hubo profesionales desaparecidos, trayectorias interrumpidas y un daño irreparable al desarrollo social, científico y humano del país. Recordar esas ausencias es dimensionar lo que se perdió y asumir la responsabilidad de sostener lo que se construyó desde entonces.
La memoria exige una práctica activa. Implica defender la democracia en su sentido más amplio: el respeto por la pluralidad, el valor del disenso y la posibilidad de expresarse sin condicionamientos. La libertad de expresión es un derecho fundamental que debe garantizarse plenamente, y no puede ser utilizada como justificación para la descalificación, la violencia o la circulación de discursos del odio que erosionan la convivencia democrática.
Sitios de memoria como La Perla dan cuenta de que la historia permanece presente y que su sentido se construye en el presente. Mantener viva esa referencia es fundamental para sostener una conciencia crítica y comprometida.
A 50 años, renovar el compromiso con la memoria, la verdad y la justicia es también reafirmar una posición clara: no hay democracia posible sin estos valores, ni futuro sostenible sin una sociedad que reconozca su historia y actúe en consecuencia.
